Hay paseos que hacemos para llegar a algún sitio. Y hay otros que hacemos para ver con más claridad.
Imagino este artículo como uno de esos paseos de otoño por un hayedo para descubrir cómo mejorar tu forma de trabajar desde la calma.
El aire empieza a ser más fresco. El suelo está cubierto de hojas y, entre las ramas, la luz deja ver detalles que durante otras épocas del año pasan desapercibidos.
Tú llegas a este camino con un objetivo en mente: cambiar tu forma de trabajar.
Pero antes de modificar rutinas, merece la pena comprender cómo influyen en tu día a día tus fortalezas personales, tus emociones y esos recursos que utilizas casi sin darte cuenta.
Puede que no sepas todavía con certeza qué quieres hacer diferente. Pero sí sabes que quieres avanzar hacia una manera de trabajar más acorde contigo y con el momento profesional en el que estás.
No voy a pedirte que busques qué estás haciendo mal.
Vamos a hacer algo bastante más interesante: descubrir cómo funcionas cuando funcionas bien. Y, desde ahí, decidir qué quieres hacer de una manera diferente.
Primero, levantemos la vista: hacia dónde quieres ir
Cuando caminas por un bosque desconocido, mirar únicamente al suelo no ayuda demasiado. En algún momento necesitas levantar la cabeza y preguntarte: ¿Hacia dónde quiero ir?
Si dentro de unos meses sintieras que estás trabajando de una manera mucho más tuya:
- ¿Qué sería diferente?
- ¿Cómo te gustaría sentirte?
- ¿Dónde querrías poner tu atención y tu energía?
- ¿De qué te gustaría tener más?
A estas cuestiones no necesitamos encontrar una respuesta perfecta. Pero sí una dirección. Porque antes de elegir el camino conviene saber hacia dónde queremos caminar.
Miremos el terreno: cómo reconocer tu mejor versión
Un hayedo en otoño cambia a cada pocos metros. Hay zonas abiertas y luminosas, otras más densas, senderos que avanzan con facilidad y pequeños desvíos que despiertan nuestra curiosidad.
Tu manera de trabajar también tiene un paisaje propio.
Hay actividades en las que el tiempo parece pasar de otra manera. Conversaciones en las que estás especialmente lúcida, retos que despiertan ideas o momentos en los que notas energía en lugar de esfuerzo.
Todo eso es información.
Te propongo empezar por una pregunta:
¿Cómo reconoces que estás trabajando desde tu mejor versión?
No la más productiva. Ni la que hace más. Hablo de la versión que piensa con claridad, decide con criterio, disfruta y siente que está utilizando bien aquello que sabe hacer.
Quizá encontremos ahí las primeras señales del camino.
Ejercicio de la Línea de la Vida: descubre tus fortalezas en tu historia
Imagínate que hemos encontrado uno de esos claros del bosque en los que merece la pena detenerse. La luz atraviesa las hojas, el suelo cruje bajo los pies y durante unos minutos no hace falta avanzar.
Porque avanzar también consiste en reconocer desde dónde vienes.
Quiero proponerte una herramienta práctica de autoconocimiento profesional que utilizamos a menudo en el coaching de fortalezas: la Línea de la Vida.

Coge un papel y dibuja una línea horizontal. En un extremo sitúa el comienzo de tu trayectoria profesional y, en el otro, el momento actual.
Ahora recórrela. No busques solamente grandes éxitos o reconocimientos públicos.
Busca:
- Momentos que recuerdes con sentido y disfrute.
- Proyectos en los que sentiste que aportabas algo valioso.
- Retos estimulantes que te hicieron crecer.
- Conversaciones que todavía recuerdas con agrado.
- Decisiones de las que te sientes satisfecha.
- Momentos en los que pensaste: “Esto se me da bien” o “Así sí quiero trabajar”.
Mi experiencia: lo que descubrí al buscar mis fortalezas
Cuando hice este ejercicio por primera vez, me sorprendió descubrir un hilo conductor invisible entre etapas profesionales aparentemente muy diferentes.
Una y otra vez aparecían los mismos recursos en mi mochila: ordenar, aportar estructura y claridad, utilizar el humor para rebajar la tensión y percibir lo que estaba ocurriendo a nivel emocional. Durante años simplemente los había utilizado de forma automática; mirar hacia atrás con perspectiva fue lo que me permitió reconocer mis fortalezas latentes con total consciencia.
Nuestra propia historia contiene las mejores pistas sobre aquello que hacemos especialmente bien.
Ahora vuelve a tu línea. En cada uno de los momentos que has señalado, pregúntate:
- ¿Qué estaba haciendo exactamente?
- ¿Qué me producía mayor satisfacción?
- ¿Qué cualidades o recursos internos estaba utilizando?
No busques todavía nombres técnicos de fortalezas. Busca comportamientos, sensaciones y situaciones que se repiten. Quizá eras quien ponía orden cuando había confusión, quien conectaba ideas, quien encontraba alternativas, quien hacía preguntas clave, quien conseguía movilizar a otros o quien aportaba serenidad.
Ahora contempla tu línea completa:
- ¿Qué factores se repiten?
- ¿Dónde encuentras más energía?
- ¿Qué tipo de contribución disfrutas especialmente?
- ¿Qué recursos llevas años utilizando sin haberles prestado demasiada atención?
Y una pregunta más:
¿Cuánto espacio tienen hoy en tu rutina de trabajo?
Ahí empiezan a aparecer algunas pistas. Tus fortalezas personales son parte de tu brújula.
Cuando acompaño a personas en sesiones de desarrollo, no me interesa empezar por aquello que deberías corregir. Prefiero empezar por lo que ya existe: tus recursos, tu forma natural de pensar, sentir y actuar. La Línea de la Vida nos recuerda algo importante: no partimos de cero.
Cuando empiezas a reconocer tus fortalezas en el trabajo, la pregunta cambia. Pasa de “¿Qué me falta?” a “¿Con qué cuento y cómo quiero utilizarlo?”
Y conocer una fortaleza no consiste simplemente en ponerle un nombre bonito. Lo verdaderamente interesante es comprender cómo la utilizas: cuándo te ayuda, cuándo necesita regulación y con qué otros recursos puedes combinarla. Una fortaleza no debería convertirse en una etiqueta rígida; debería darte más posibilidades.
Los senderos automáticos: consciencia antes que acción
Sigamos caminando. A veces encontramos un sendero tan marcado en el bosque que lo seguimos sin pensarlo. Con nuestra forma de trabajar ocurre algo parecido.
Ante determinadas situaciones cotidianas reaccionamos casi automáticamente. Es normal; nuestro cerebro necesita crear atajos para ahorrar energía. Pero conocernos nos permite reconocer cuándo estamos eligiendo de verdad y cuándo simplemente estamos recorriendo un camino conocido.
Por eso, antes de cambiar, me interesa especialmente esa pequeña pausa: consciencia antes que acción.
El peligro de los recursos automáticos en el trabajo
A mí me ocurrió claramente con la Planificación. Durante muchos años ha sido uno de mis grandes recursos. Me ha permitido ordenar, anticiparme y convertir situaciones complejas en algo manejable. Por eso, cuando algo no funcionaba en mi día a día, mi respuesta aparecía casi sola: tengo que organizarme mejor.
Hasta que un día empecé a hacerme una pregunta diferente:
¿Y si esta vez no necesito más planificación?
Aquella pregunta cambió las reglas del juego. No porque dejara de valorar esa fortaleza, sino porque empecé a comprender que no todas las situaciones necesitaban el mismo recurso. A veces lo que me hacía falta era observar antes de organizar, escuchar lo que estaba sintiendo, dar espacio a la curiosidad o simplemente aceptar que todavía no tenía una respuesta. La Planificación seguía siendo una fortaleza, lo que estaba cambiando era mi manera de utilizarla.
Seguro que tú también tienes un recurso que aparece siempre primero.
Pregúntate:
- ¿Qué hago casi automáticamente cuando quiero avanzar?
- ¿Me ayuda siempre de la misma manera?
- ¿Qué otro recurso podría necesitar esta situación?
No se trata de renunciar a aquello que hacemos bien. Se trata de ampliar nuestro repertorio profesional.
La influencia de las emociones en tu forma de trabajar
Durante el paseo hay información que no encontramos en ningún mapa: la temperatura, el sonido del viento o la sensación de que un lugar nos invita a quedarnos un poco más. En nuestro entorno laboral ocurre lo mismo.
Las emociones también contienen información de alto valor: interés, frustración, entusiasmo, inquietud, serenidad, curiosidad. No necesitamos clasificarlas rápidamente entre buenas y malas. Podemos empezar preguntándonos:
- ¿Qué me está diciendo esta emoción?
- ¿Qué es importante para mí aquí?
- ¿Qué respuesta quiero elegir?
Ahí entran recursos como el Conocimiento emocional (reconocer lo que sentimos y comprender su sentido) y, cuando lo necesitamos, el Manejo emocional (contar con estrategias que nos ayuden a responder de una manera adecuada al momento).
Ese espacio entre sentir y actuar es pequeño, pero ahí es donde aparece algo fundamental: la auténtica capacidad de elegir.
Fortalezas profesionales: qué quieres llevar en tu mochila
Hemos avanzado bastante. Ya hemos mirado hacia dónde quieres ir, hemos recorrido parte de tu historia, reconocido tus recursos y observado tus senderos automáticos.
Al principio del camino, tu objetivo era cambiar tu forma de trabajar. Ahora que el paseo llega a su fin, te invito a abrir tu mochila y revisar lo que has recogido:
- Tus momentos de lucidez: las pistas claras de tu mejor versión.
- Tu Línea de la Vida: el mapa que demuestra que no partes de cero.
- Tus recursos recurrentes: esas fortalezas que hoy sabes que puedes regular y combinar.
- Tus emociones: esa brújula interna que te dice qué es verdaderamente importante para ti.
Aceptar tu trayectoria profesional para avanzar
Yo también he llegado a una bifurcación profesional profunda. Durante muchos años mi trabajo estuvo muy cerca de la organización, la coordinación, la gestión y la ejecución. Podría haber mirado esa etapa pensando solo en aquello que quería dejar atrás. Pero cuando empecé a observarla desde mis fortalezas, ocurrió algo diferente.
Allí estaban muchos de los recursos que hoy sigo utilizando en mis sesiones: observar, ordenar, escuchar, comprender, hacer preguntas poderosas, acompañar y aportar claridad.
No necesitaba rechazar a la profesional que había sido. Necesitaba decidir qué quería conservar y qué quería expresar de otra manera en esta nueva etapa.
Por eso quiero dejarte una pregunta que merece tiempo y calma:
¿Qué quieres conservar de la profesional que te ha traído hasta aquí y qué quieres empezar a expresar de otra manera?
Cómo diseñar una forma de trabajar más consciente
Nuestra forma de trabajar no tiene por qué ser algo que simplemente nos sucede: podemos diseñarla.
Diseñar no significa controlar rígidamente cada detalle. Significa elegir con más consciencia, crear condiciones óptimas que nos ayuden a pensar mejor, dar espacio a fortalezas que queremos utilizar más, reconocer cuándo una necesita regulación, escuchar nuestras emociones antes de responder, probar, observar y ajustar.
No buscamos una forma perfecta de trabajar. Buscamos una forma más consciente y coherente contigo.
Del autoconocimiento profesional a las decisiones reales
Aquí es donde todo lo que hemos observado empieza a convertirse en algo práctico. Porque el autoconocimiento no es el objetivo final: es el punto de partida indispensable para tomar decisiones diferentes.
Cuando comprendes mejor cómo piensas, cómo respondes, qué fortalezas utilizas y qué necesitas para funcionar bien, puedes empezar a diseñar una forma de trabajar que tenga más sentido para ti. No desde una fórmula externa o una receta de productividad estándar, sino desde un conocimiento más profundo de tus propios recursos.
Acompañamiento en coaching de fortalezas
Cuando trabajo contigo en PARA TI, este es uno de nuestros puntos de partida esenciales. Tú llegas con un objetivo claro y empezamos por comprender el terreno desde el que vas a caminar hacia él: cómo piensas, cómo decides, qué te aporta energía, cómo utilizas tus fortalezas, qué patrones aparecen y qué recursos quieres desarrollar o utilizar de otra manera.
Mi trabajo no es elegir el sendero por ti, tampoco consiste únicamente en caminar a tu lado.
En mi acompañamiento voy a hacerte preguntas de valor, a devolverte lo que observo, a ayudarte a poner nombre a tus recursos y a señalar algún patrón que desde dentro quizá resulte difícil de ver. A abrir alternativas y a convertir lo que vayamos descubriendo en decisiones y acciones de impacto.
Por eso me gusta pensar en mi papel como una brújula durante una parte del camino. La brújula no decide tu destino, pero cuando sabes dónde quieres ir, te ayuda a mantener la dirección.
Sesión individual: La parada del hayedo
Este paseo puede terminar aquí. Puedes llevarte las preguntas, volver a ellas con calma y observar qué empiezan a mostrarte.
Pero también podemos detenernos juntas un poco más.
He creado «La parada del hayedo», una sesión individual de acompañamiento estratégico para trabajar con más profundidad algunas de las reflexiones que has iniciado durante este paseo y empezar a darles dirección.
Antes de encontrarnos, recibirás un cuaderno de trabajo que he preparado especialmente para esta experiencia. No es un ejercicio para completar y guardar. Será nuestro punto de partida para conversar sobre tu momento actual, reconocer los recursos con los que ya cuentas y comprender qué necesitas empezar a hacer de otra manera.
Durante la sesión pondremos mirada, preguntas y dirección a lo que vaya apareciendo. Sin respuestas prefabricadas ni caminos marcados de antemano. Partiremos de ti, de tu realidad y del lugar al que quieres llegar.
Puedes escribirme por WhatsApp, te dejo el enlace 😉
QUIERO HACER LA PARADA DEL HAYEDO
Al escribirme, te contaré cómo funciona la sesión, su precio y las próximas fechas disponibles, para que puedas decidir con calma.
Conclusión: Tu próximo paso profesional
Mira una vez más el camino recorrido. Hay experiencias, aprendizajes, decisiones, momentos de disfrute, recursos que aparecieron cuando los necesitabas y fortalezas que quizá llevas utilizando desde mucho antes de saber que lo eran.
La siguiente etapa no tiene que empezar preguntándote en quién necesitas convertirte. Puede empezar con una pregunta mucho más interesante:
¿Qué hay ya en ti que necesitas conocer, recuperar o aprender a utilizar mejor para llegar donde quieres ir?
Primero reconocemos. Después comprendemos. Y entonces elegimos.
Más adelante levantaremos de nuevo la vista. Dejaremos de mirar únicamente cómo funcionas tú y observaremos también aquello que estás construyendo. Entonces podremos hacernos otra pregunta:
¿Qué estructura necesita tu negocio para acompañar la forma en la que quieres crecer?
Pero ese será el siguiente tramo del camino.
Un fuerte abrazo #siempreconunasonrisa
Yolanda 🙂
